Por: Vasco de Nogales Reyes – Universidad del Valle (Colombia) | UNIVALLE · Department of Philosophy – vasko9317@gmail.com

De Zaratustra o Zoroastro no se tiene fecha exacta de su nacimiento. Tampoco se sabe mucho sobre su vida, ya que la mayoría de los relatos referentes están rodeados de ficción. Lo cierto que se conoce de este sabio es bastante poco y, aun así, fue Friedrich Nietzsche (1844-1900) el primero que dedicó una obra a la que tituló Also Spracht Zarathustra (Así habló Zaratustra), la cual arrojó una luz interesante acerca del enigma de este sabio de Oriente. Pero el relato de Nietzche presenta todavía una visión hiperbólica del personaje, manteniendo fuertes distancias frente su identidad.

Zaratustra es uno de los más antiguos sabios persas de los que se tenga conocimiento, sin ser de origen persa. Proviene de las fronteras de Afganistán e Irán, más específicamente de ciudad de Raga conocida también por el nombre de «Ray».  Así, cuando hablamos de Zoroastro, hablamos de un viejo Sabio de Oriente, acaso el más antiguo de entre muchos. Se estima que su vida transcurrió hacia el 1000 a.C, incluso antes de los primeros reinos medos.  Al igual que diversos relatos sobre personajes religiosos, la historia de Zaratustra parte de la experiencia de una revelación, donde la sabiduría viene dictada por una divinidad. Es probable que las circunstancias de su experiencia se diesen en medio de sus travesías por las planicies iraníes. No obstante, narran las historias de los parsis que el profeta vio fuegos que emergían espontáneamente de los suelos. Estos fuegos Zaratustra los atribuyó a Ahura Mazda, el dios que se convertiría en la insignia de la fe de los antiguos persas.  Hoy en día se sabe que los fuegos de esas zonas constituyen buena parte de los yacimientos de petróleo del país persa.

Zaratustra viajó tramos extensos desde Afganistan hasta Irán, y por toda parte impartió sus enseñanzas del triunfo el Bien sobre el Mal, el Orden sobre el Caos. El origen de esa visión vino por una entidad que se le presentó con el nombre de “Vohu Manah” que en avéstico significa “buena mente” que, como adelante veremos, es conocida por el culto zoroástrico como yâzata. Esta entidad, allegada a Ahura Mazda le reveló el poder del discernimiento del Bien y el Mal a Zoroastro. Durante sus viajes descubrió los diferentes cultos religiosos de las regiones que recorrió, y se percató que todas coincidían en un mismo aspecto: destacaban el deseo de idolatrar muchos dioses, y lo hacían con rituales que destacaban el éxtasis y la “posesión” de los sacerdotes a través de la ingesta de una planta que los indos llamaban “soma”, algo que Zaratustra encontró reprobable. El profeta no concibió que hubiera de intoxicarse con menjurjes a base de haoma (como la denominó en avéstico) para llegar al saber de Dios.  Así, por doquiera que pasó, acompañado de flotas de camellos bactrianos, Zoroastro se topó con pueblos que los caracterizaba semejante condición. Se piensa que la gran mayoría de los cultos practicados por estos pueblos estarían relacionados con las creencias del hinduismo.

En general, los pueblos de oriente creían en un panteón indo, el cual se originó la cultura aria en el sur de Pakistán e India del norte. Esta cultura tuvo auge y gran influencia sobre los actuales países de Asia del Sur entre el 1000 a.C y 600 a.C, tiempo antes del desarrollo cultural en los primeros reinos de Persia. A esta cultura se la conoce como la civilización “aria de India”, no obstante, el término más apropiado para designar a esta cultura es civilización del Hindu Kush.  Lo importante de esta relación entre la cultura arcaica de India y el nacimiento de la religión zoroástrica radica en ciertas relaciones culturales y filosóficas entre ambos cultos.  Por ejemplo, en la civilización del Hindu Kush se escribieron los Vedas, que son los textos de sabiduría más antiguos de oriente y de los cuales se desprendieron los saberes del hinduismo y, de los que más adelante derivaría el budismo. Aunque no hay prueba de que Zoroastro haya conocido la sabiduría aria —al menos de primera mano— y tampoco que haya visitado la civilización del Hindu Kush, la lengua de Zaratustra —el avéstico— mantiene importantes vínculos lingüísticos con la de la civilización del Hindu Kush, la cual fue el Sánscrito. Ésta última todavía se utiliza para algunas ceremonias hinduistas.

En primer lugar, el sistema de creencias zoroástrico se fundamenta principalmente en el concepto de Asha, o Arta en avéstico, que significa: «rectitud» o «virtud», concepto que tiene asimismo un vínculo con la noción de areté en griego que significa “excelencia, virtud”. Según Zoroastro, Asha, es el fundamento del Universo, el cual mantiene la constante batalla del orden contra caos. Esta concepción aparece planteada por primera vez en los Gāthas, (que en avéstico traduce «himnos», y cuyo significado es el mismo para gita en sánscrito), que son los cantos de la religión mazdeísta con los que expresan sus principales enseñanzas morales. En los Gāthas, el dios Ahura Mazda hace culto a Asha como fundamento del cosmos. Asha dota a Ahura Mazda del poder de crear el mundo y sus seres vivientes.

Hasta aquí resulta preciso aclarar que, el verdadero nombre de la religión de Zoroastro es mazdayâsna (o mazdeísmo) debido al nombre del dios Ahura Mazda, y donde “yâsna” al igual que su versión en sánscrito “yajña” significan “culto”. Además, Ahura Mazda traduce » Señor Sabio» en avéstico, de lo que se podría concluir que se trata del “culto al Señor Sabio”, o del “culto al Señor de la Gran Sabiduría”. De Asha se desprende el concepto de haithya cuyo equivalente en sánscrito es satya, y ambos significan «verdad». Una cosa notable del mazdeísmo es que se consolidó como la primera religión en establecer la dicotomía del Bien y el Mal, la Virtud versus el Engaño, el Orden sobre el Caos. Por lo tanto, todo lo que sucede en el Cosmos está configurado bajo esta división de lo bueno y lo malo, lo que funciona con armonía y lo que permanece abominable.  De esta manera, el Bien y el Orden corresponden a Ahura Mazda que, a su vez, mantiene un estrecho vínculo con Asha. En cambio, el Mal se relaciona con Ahriman o Angra Mainyu, el cual se identifica con el principio de Druj el elemento opuesto de Asha. En avéstico druj significa mentira, decepción o incluso, la «ilusión» generadora del Caos.

Con todo, Ahura Mazda no está solo en el camino de mantener el Orden en el mundo. Para logarlo, se apoya en los conocidos «Amesha Spentas» o ameshaspands que tienen la naturaleza de semidioses y fungen un rol de mensajeros del dios. Algunos de los ameshaspands son: Mithra, Khordad (o Haurvatat), Anahita, Ameretat (o Amordad), Khšathra Vairyâ (o Shahrewar) y Bahman (Vohu Manah «buena mente»). Estos últimos también son conocidos por el mazdayâsna como los “Yâzatas”, que en avéstico se entienden como “los venerables”, aludiendo a un tipo de dioses “santos”, propios del culto zoroástrico.

Por otro lado, parte de la práctica del mazdayâsna se basa en la pronunciación de los llamados manthras. Para entrar en contacto con Ahura Mazda, los hombres deben pronunciar los manthras que, al igual que en sánscrito significan «enunciación sagrada». Con los manthras los hombres invocan la voluntad de Ahura Mazda quien les guiará en sus pasos para acceder a la Gran Sabiduría.

En segundo lugar, cabe mencionar que existe un gran misterio en la teogonía mazdeísta y es el origen de los daevas. En la cultura aria y en el hinduismo, los daevas, (dewas en sánscrito) son los dioses del Bien que equivaldrían a los ameshaspands zoroastrianos. Sin embargo, no tienen la misma naturaleza para el mazdeísmo.

Por ejemplo, Indra, uno de los principales dioses de los dewas indos fue entendido por el Zoroastrismo como un ente del Mal, por ende, agente del Druj, y un aliado de Angra Mainyu. Así mismo, están Akoman (Aka Manah «mala mente»), Nanghait, Sarvar, Tauriz y Zariz quienes conforman el séquito de aliados de Angra Mainyu. Estos últimos, al contrario de los ameshaspands, deben ser repudiados. Algunos de estos dioses mencionados hacen parte del panteón hindú y aparecen en libros como el Rig Veda, o los puranas.

¿Cuál es la razón de esta diferencia? La mejor explicación para entender el contraste entre los ameshaspands y los daeva es simplemente que Zaratustra logró crear un culto unificado en el que se planteó una división concreta entre un mundo para los que obran bien y otro para los que obran mal. En ese orden, Ahura Mazda, como dios principal del mazdeísmo contaba con un anillo de dioses que lo apoyaban para realizar sus acciones, lo que significaba que había una injerencia específica de él sobre los humanos a través de los ameshaspands. En el caso opuesto, era la influencia malévola engañadora de Angra Mainyu por medio de los daevas. Pero el misterio del origen de los daevas jamás quedó totalmente resuelto. La conclusión de esto puede ser la de que los pueblos indoiranios siempre estuvieron conectados por una misma matriz cultural ligada al pastoreo y a la poesía. Ello produjo que un vasto número de tribus relacionadas entre sus tradiciones orales, desarrollaran toda clase de leyendas y mitos, como las que narra Ferdowsi en el Shahnameh (La épica de los Reyes), y con historias como la de Rostam y Sohrab.

Por último, el profeta Zaratustra es un hito de la cultura antigua, que se extravió en el tiempo por los cambios abruptos que experimentó Irán durante toda su historia. Así pues, fue en occidente donde se rescataron los saberes de Zoroastro, los cuales estuvieron presentes en la antigüedad y en diversas ocasiones, influenciaron el pensamiento humano, incluso antes de los filósofos presocráticos. Los principios del Asha y Druj también existen en el hinduismo como dharma, y maya, aunque no necesariamente son equiparables a los del mazdeísmo.

En suma, la filosofía moral de la religión de Zaratustra se reduce a la noción de, quien deliberadamente acepta el principio de Asha rendirá tributo a Vohu Manah el cual se ocupa de los buenos pensamientos en los hombres, los que, por ende, honrarán Ahura Mazda. Los buenos pensamientos van acompañados de buenas palabras, y las buenas palabras de buenas acciones. Tales son los principios que manda Ahura Mazda, y mediante su cumplimiento todo hombre será capaz de hallar la paz del espíritu y acercarse a la Sabiduría Suprema.

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